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Informe Phoenix

(NC&T) El comportamiento de las partículas que componen dicho suelo, las cuales tienen una tendencia a pegarse entre sí, formando grumos, estaba dificultando el análisis químico de las primeras muestras. Dichas muestras tenían que pasar por unas aberturas pequeñas, pero su configuración física lo impedía. El domingo 8 de junio, se ordenó a la plataforma donde se depositan las muestras que vibrara durante 20 minutos, pero sólo unos cuantos granos llegaron a pasar por la rendija, una cantidad insuficiente para llenar el horno del interior del instrumento TEGA. Los científicos ensayaron entonces una nueva técnica para depositar las muestras. Consistía en dejar la pala con la tierra a cierta altura, e inclinarla. A continuación, se la hacía vibrar para que las partículas cayesen espolvoreadas. Las pruebas se hicieron sobre el instrumento MECA (Microscopy, Electrochemistry and Conductivity Analyzer). Una vez se analizase el resultado de la operación, los científicos decidirían si emplear la nueva técnica también sobre el TEGA (Thermal and Evolved-Gas Analyzer).

La espera valió la pena y por fin la sonda Phoenix logró introducir una cantidad suficiente de muestras de suelo en el analizador TEGA. La tierra, procedente de la zona bautizada como "Baby Bear", acabó cayendo por sí sola, y lo sensores del horno indicaron que éste estaba lleno. Los científicos creen que los varios días de permanencia sobre la rejilla, y las diferentes sesiones de vibración mecánica, podrían haber influido en que la muestra perdiese su anterior cohesión física, permitiendo finalmente su caída en el horno, un proceso que sólo llevó 10 segundos. El próximo paso sería ahora el calentamiento de la muestra y el análisis químico correspondiente.

Gracias al microscopio de a bordo, se han obtenido las vistas más magnificadas hasta la fecha, y éstas han mostrado que las partículas que conforman el suelo superficial se pegan unas con otras, formando terrones, incluso en las escalas más pequeñas de visibilidad. Esta característica había dificultado entregar las muestras en los receptáculos de análisis, pero al mismo tiempo proporciona muchas pistas sobre la naturaleza del suelo marciano, una de las metas principales de esta misión. En las imágenes proporcionadas por el microscopio, se pueden apreciar casi un millar de partículas individuales, hasta diámetros inferiores a una décima parte del de un cabello humano. Se han identificado al menos cuatro minerales distintos. Entre las partículas destacan unas más grandes, negras y de aspecto cristalino, así como otras más pequeñas y rojizas. Las primeras podrían ser partículas volcánicas originales, y las otras, el resultado de su envejecimiento y desgaste, con una mayor concentración de hierro. Las partículas finas de la muestras se parecen mucho a las del polvo que existe en suspensión, previamente analizadas por el microscopio.

Mientras tanto, los especialistas fotográficos de la misión están obteniendo un panorama de 360 grados y alta resolución, en color y en formato tridimensional, que proporcione un contexto amplio sobre la posición del vehículo en la superficie.


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