Informe Phoenix
(NC&T) La pala excavadora de la sonda Phoenix recogió su primera muestra de la superficie marciana el 1 de junio (Sol 7). El objetivo era probar el funcionamiento del brazo robótico y practicar las operaciones que se harían rutinarias a partir de ahora. La muestra no debía ser analizada, así que sólo fue fotografiada y sería después depositada en un área adyacente. Si todo iba bien, en pocos días se repetiría el proceso, pero esta vez la tierra sería depositada en el analizador. En la imagen enviada por la Phoenix, podía apreciarse que la muestra recogida incluía un material brillante (también se apreciaba en el agujero dejado por la pala, en el suelo, en la zona bautizada como "Knave of Hearts"). Los científicos piensan que puede ser hielo o sal, y en todo caso, puede ser lo mismo que se ha encontrado bajo la nave.
Los controladores de la sonda Phoenix tendrían sin embargo que repetir la operación de vaciado de la pala excavadora instalada en el extremo de su brazo robótico. Durante la primera sesión de práctica con ella, con una muestra de suelo recogida poco antes, parte de la tierra quedó pegada en la pala. Esto puede tener que ver con la naturaleza de las partículas, de modo que los científicos querían fotografiar el proceso de vaciado con mayor meticulosidad. Era necesario entender cómo se comportan las muestras para cuando tuviesen que ser dejadas caer sobre los analizadores. Por otro lado, las puertas del analizador TEGA, que se desplazan gracias a unos muelles, no se habían abierto completamente durante un ensayo: una de ellas lo había hecho bien y la otra sólo parcialmente. Aunque se esperaba que lo hiciera del todo con la variación de la temperatura ambiente, en esos momentos la apertura era más reducida de lo previsto inicialmente, lo que implicaba que la pala debía soltar sus contenidos con mucha mayor precisión.
Después de volver a practicar la recogida de muestras, la NASA dio luz verde para llevar a cabo la operación "en serio". Una vez más, los científicos observaron la presencia de un material brillante entre la tierra excavada, procedente de una capa situada justo debajo de la superficie. Y las discusiones continuaban sobre si se trata de hielo o de sales, o quizá de otro material más exótico. A falta de hielo, las concentraciones de sal también serían indicadoras de la existencia pasada de condiciones húmedas. Para dilucidar este tema, las muestras deberán ser analizadas, y esto es lo que se haría en la próxima recogida, cuando la tierra fuera depositada en el instrumento TEGA. La captura, sin embargo, dependía del estado de la sonda Mars Odyssey, que entró recientemente en "modo seguro" por alguna anomalía, lo cual evitó enviar las órdenes correspondientes en la jornada sol 10. En su lugar, la Phoenix ejecutó una serie de comandos prealmacenados, que incluían continuar la toma de imágenes necesarias para un panorama de 360 grados. Por su parte, la radio de la sonda MRO parece volver a funcionar bien, así que si es necesario estará disponible para retransmitir las señales entre la Phoenix y la Tierra y viceversa. Mientras, la estación meteorológica de la Phoenix informó que los vientos marcianos siguen un claro patrón. Dichos vientos proceden del sur durante la mañana, a mediodía lo hacen desde el norte, y del oeste por la tarde, regresando a su orientación sureña al final del día. Esta información es importante para evitar la contaminación de las muestras durante las excavaciones.
Gracias al microscopio instalado a bordo de la sonda Phoenix, los científicos obtuvieron la vista del suelo marciano de más alta resolución hasta la fecha. El instrumento, llamado Optical Miscroscope, observó el polvo y las partículas de tierra que habían caído sobre una superficie expuesta, y reveló la presencia de granos tan pequeños como de una décima del diámetro de un cabello humano. Las imágenes, tomadas el 3 de junio, han sido analizadas ahora. En el futuro, se utilizará el mismo instrumento para fotografiar muestras procedentes de la pala excavadora. Las partículas observadas hasta este momento son las que se acumularon en una superficie pegajosa durante el aterrizaje y los cinco días posteriores. Dicha superficie fue instalada para que el microscopio pudiera ser calibrado antes de la captura normal de muestras, y como póliza de seguros en caso de que algo lo hubiera impedido. Afortunadamente, todos los instrumentos funcionan bien y se espera utilizar el Optical Miscroscope en próximos días con muestras frescas. Mientras tanto, los científicos están tratando de identificar las partículas fotografiadas, como una de aspecto translúcido que podría ser un grano de sal.
 | | Muestras recogidas por la pala excavadora de la sonda Phoenix. (Foto: NASA/JPL-Caltech/University of Arizona/Max Planck Institute) |
En la Tierra, seguían los esfuerzos por devolver a la normalidad a la sonda Mars Odyssey, que entró en modo seguro días atrás. Las órdenes dirigidas a la Phoenix se enviaron a través del Mars Reconnaissance Orbiter, pero en cuanto la Mars Odyssey vuelva a estar operativo, ambos vehículos realizarán la misma tarea de actuar como repetidores. No es la primera vez que esta última ha entrado en modo seguro. Lo ha hecho dos o tres veces desde su llegada a Marte en 2001. En esta ocasión el problema podría estar relacionado con la memoria de su ordenador de a bordo.
La sonda Phoenix recibió el 6 de junio las órdenes necesarias para depositar la primera muestra "científica" en el analizador TEGA. Su brazo robótico, equipado con una pala, recogió material rojizo procedente de la capa superficial (de 2 a 4 cm de profundidad), en la zona bautizada como "Baby Bear", al norte del vehículo. Se recogió sólo una cantidad suficiente de tierra, para evitar que el instrumento TEGA se llenase excesivamente. Su sensibilidad le permite analizar incluso cantidades muy pequeñas.
La muestra fue soltada el mismo día sobre las compuertas semiabiertas del aparato, pero aunque las fotografías muestran la tierra, el sensor interno del TEGA indicó que ninguna parte de ésta había caído realmente al interior del horno. Parece que la tierra de la superficie forma conglomerados. Dado que la rejilla del instrumento ha sido diseñada para que pasen por ella partículas de hasta 1 milímetro de diámetro (evitando así que el paso hacia el interior se tapone), si la tierra crea conglomerados, no puede bajar fácilmente hasta su destino. En el citado conducto hay un rayo infrarrojo que lo atraviesa, el cual, al interrumpirse por el paso del material, debería señalar su entrada, lo cual no se había producido aún. Los científicos, para resolver el problema, están estudiando diversas alternativas, como usar el brazo robótico para apretar el material en la superficie antes de recogerlo, de manera que se rompa. El TEGA también posee un mecanismo de vibración para facilitar la entrada de la tierra. Se utilizó durante sólo cinco minutos, y podría usarse durante más tiempo. Esta última opción se probaría el domingo 8 de junio (Sol 14).
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